Un funcionario público, según Max Weber debe ser neutral en su comportamiento y su servicio a la sociedad, es decir no debería tomar partido o favorecer a una determinada persona o un grupo de ellas en función a un interés personal. Los funcionarios públicos se deben al Estado como servidores públicos, no obstante de haber llegado en algunos de estos casos como parte de un gobierno que ganó las elecciones, de hecho eso no le da patente de corso para que pudiera abogar por el partido de su simpatía y favorecer públicamente a algún partidario o alguien de su entorno.
Con ello no quiero decir que los funcionarios no puedan hacer vida política, sí lo pueden hacer, pero fuera de sus horas de labores y sin que sea una acción pública que iría en desmedro de otros partidos y también de los ciudadanos que a través de sus impuestos son los que pagan a estos funcionarios.
Thomas Hoobes, filósofo inglés, uno de los iniciadores del concepto del Estado en el siglo XVII propuso que entre los habitantes de una región existiera una autoridad por encima de ellos que pudiera garantizar su convivencia, que arbitre sus diferendos bajo una posición neutral, ellos le entregaban parte de su libertad a este ´´monstruo’’ que le denominaba Leviatán , materializándolo a través de un manual sobre la naturaleza humana y como se organiza la sociedad, una especie de contrato social.
A fines del siglo XX, Douglass North habla sobre la importancia de las instituciones en una nación, a través de reglas de juego formales e informales que permiten la participación ó no de los agentes económicos en el desarrollo del país, para lo cual también se requiere la neutralidad de ese gran árbitro que es el Estado y sus funcionarios, a fín que dichas reglas tengan valor y puedan ser respetadas.
Hoy en plena campaña electoral por las nuevas elecciones generales que se avecinan, los ciudadanos deberíamos estar atentos frente a posibles trasgresiones relacionadas de esta falta de neutralidad por parte de los funcionarios públicos, que muchas veces lo hacen por desconocimiento o por la fuerza de la mala costumbre, trayendo consigo que se vulnere uno de los principios de la administración pública con el consiguiente gasto de recursos pertenecientes a la comunidad
Cada vez hay una mayor interacción entre el Estado y la sociedad, la cual es muy sensible frente a las acciones de sus representantes, tal como señala Ives Deloye: ‘’El Estado no es simplemente una estructura burocrática, sólidamente institucionalizada y ocupada por funcionarios al margen de influencias particulares; el Estado es también un espacio de acción y competencia permeable a los conflictos de valores y normas que atraviesan la sociedad’’.

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