La Constitución Política del Perú, en su 2º art. dentro de los derechos fundamentales de la persona, menciona que toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión ; por otro lado el art 50 señala que: ‘’dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, le presta su colaboración. El Estado respeta otras confesiones …’’
A decir de la Carta Magna, hay una clara separación entre Estado e Iglesia, ya que cada una mantiene su autonomía y esfera, sin embargo hace pocos días ha habido un desfile de los candidatos a la presidencia de la república de los próximos comicios, al Arzobispado de Lima, donde se encuentra el primado de la Iglesia Católica; independientemente de la publicidad de los candidatos y sus diversas poses para hacer llegar a la población sus coincidencias con el purpurado, lo que llama la atención son las señales que se da a la población en la forma confesional como la política pareciera que se subordina a la religión católica, o más claro tendría que recibir su aprobación en sus planes de gobierno que van a ejecutar en caso salgan ganadores de la próxima justa . Por lo menos es lo que se percibe.
Daría la impresión que los candidatos requiriesen de una forma de habilitación frente a la Iglesia Católica que legitime su Plan de Gobierno y estén aptos para recibir la gracia de los votantes; similar sensación como cuando el Papa proclamaba a los reyes y emperadores para justificar el origen divino de su mandato, situación que se producía hasta antes del siglo XVIII. Como sabemos el proceso de la separación de la Iglesia del Estado se inicia al firmarse la Paz de Wetsfalia en el siglo XVII, donde termina la hegemonía del Papado de intervenir militarmente en los diferentes estados de Europa y es partir del siglo XVIII que se materializó esta separación, en la Independencia de los EEUU, la revolución francesa y las revoluciones burguesas europeas, y se inicia la secularización del Estado
Estamos en el siglo XXI, que algunos sociólogos, como Ingelhart, lo llaman el mundo post moderno o post materialista, donde no se concibe un estado que este condicionado por la religión, es como si dijéramos que no podríamos conciliar la pre modernidad con la modernidad que decimos vivir, ó un gobierno monárquico con uno republicano.
La sociedad juega ahora un protagonismo mayor que antes, y producto de la democracia participativa y democracia deliberativa es que ella busca formas asociativas para discutir temas que les interesan y competen, e incidir en políticas públicas, tales como el tema del aborto quirúrgico, las uniones civiles del mismo sexo ó el libre consumo de drogas; temas que han estado últimamente en la agenda pública por ciertas propuestas de algunos candidatos o connotados personajes, como pudieran ser otros temas o issues.
Es por ello, que hay decisiones de la sociedad que deben ser tomadas por ella, en el momento y contexto que crea que sea oportuno, sin ninguna tutela, que permita en forma libre llegar a consensos donde quede expresada las libertades de la persona. Como señala Guillermo Nugent, lo importante es ir formando una cultura pública civil (civilizada), laica y democrática, que vaya de la mano con la formación de una propia opinión pública, donde prime la tolerancia y el reconocimiento de la otra persona.
