Una vez más el
Congreso no permite la elección del Defensor de Pueblo, artífice importante
dentro de un sistema democrático, que canaliza y pone en evidencia las
arbitrariedades que pudiera cometer el Ejecutivo contra los ciudadanos.
En un régimen democrático, la Defensoría del Pueblo constituye parte de los pesos y contrapesos en
la primacía de los poderes políticos y forma parte del accountability horizontal de una poliarquía (democracia política),
tales como la contraloría o fiscalía. Este control establece la existencia de
agencias estatales que tienen autoridad legal y están fácticamente dispuestas y
capacitadas para emprender acciones contra actos u omisiones de otros a agencias del Estado[1].
Desde hace 5 años el
Congreso no se pone de acuerdo para elegir al Defensor del Pueblo; el que
ejerce actualmente el cargo, el Sr. Eduardo Luna Vega, lo viene haciendo de manera interina. Esta desidia es una
pauta de lo que significa para la clase política la importancia de esta
nominación, toda vez que muchas veces es un personaje incómodo para los poderes del Estado.
En una sociedad como la nuestra donde existe frecuentes transgresiones sustentadas en el poder
político, en las influencias y la arbitrariedad, es necesario que exista este
cargo en forma oficial que vele la buena administración pública en favor de los
ciudadanos
Como lo menciona la página Web de La Defensoría del Pueblo, “es
un colaborador crítico del Estado que
actúa, con autonomía, respecto de cualquier poder público o privado, en nombre
del bien común y en defensa de los derechos de la ciudadanía. En razón de ello,
ejerce su mandato con objetividad, profesionalismo y responsabilidad, nunca por
oposición arbitraria o injustificada frente al Estado”[2].
De acuerdo a la Constitución el Congreso tiene la obligación de elegir al Defensor del Pueblo con el voto de los dos tercios de su número legal. Lo que habría que preguntarse
es que si esta situación es una incapacidad del Congreso, una falta de interés
del mismo o un simple cálculo político, como suele suceder.


