Tratando de hacer una simplificación, cuyo contenido es más complejo, las relaciones civiles militares son las interacciones de los militares particularmente con las autoridades civiles dentro de la estructura de poder que existe en el país; y uno de los puntos más cruciales, sino el más, es el nivel de autonomía que deben tener las FFAA para lograr eficacia y eficiencia en el cumplimiento de sus misiones asignadas. Este nivel adecuado es una construcción, no es una imposición, que se va logrando entre civiles y militares, basados en la confianza, la cultura política y la coyuntura del momento, más aún en un proceso de transición democrática hacia una consolidación de la misma.
La Constitución señala que el Presidente es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, así como que éstas están subordinadas al poder constitucional; la subordinación es un reconocimiento al poder surgido de la elección mayoritaria por los votantes y de ahí que surge el control democrático de las FFAA por el gobierno de turno.
Lo sostenido el día sábado 20 por el Ministro Thorne en el diario El Comercio, es un típico caso de relaciones civiles militares no adecuadas. Esta en lo cierto cuando dice que "hay una propuesta y el presidente decide" y después "lo que no va a ver nunca es sometimiento de la sociedad civil a la militar" (??). Bajo el entendimiento que sus comentarios se basan sobre el impasse de un ascenso en la Marina, puedo mencionar lo siguiente. Efectivamente el Presidente decide, en principio sobre el cuadro que presenta el Instituto, y dentro de las posibilidades de los candidatos de acuerdo al marco establecido; el Presidente no debería ascender a alguien fuera del cuadro o que este alguien pudiera perjudicar a otros postulantes, y por consecuencia al Instituto. Ello es parte de la autonomía aludida en líneas arriba
Por otro lado no se trata en ningún caso de algún "sometimiento" (por la forma como lo expresa), ni de los civiles a los militares, ni de éstos a los civiles. Es clara la Constitución en el sentido de la subordinación de la Fuerza Armada al poder político, que no es necesariamente sometimiento como lo expresa Thorne, no debe haber un afán instrumental en este control, sino que es un control propio de la democracia; de no ser así los conductores civiles podrían ser tiranos y dictadores, entonces ya no tendríamos una conducción democrática, sino conducción dictadora de la FFAA.
Estos desentendimientos crean fisuras en las relaciones civiles militares, las deterioran y abren mas las brechas ya existentes, sin tomar en cuenta que estas relaciones son importantes para nuestra seguridad, Huntington así lo menciona:
Las relaciones cívico – militares constituyen un aspecto de la política de seguridad nacional. La meta de la política de seguridad nacional es reforzar la seguridad de las instituciones sociales, económicas y políticas de la nación contra amenazas que surjan de otros Estados independientes
Para terminar, el Ministro Thorne incurre en un error garrafal al oponer la sociedad civil a la militar, ya que ésta no existe como tal, sino que es parte del sistema político.