Cuando en algunas de las clases que tengo la oportunidad de brindar, toco el tema de la corrupción en el Perú, lo menciono como uno de las graves deficiencias sociales que tenemos, que es endémica y que es un factor adverso importante para el desarrollo del país; escucho algunas voces que me dicen que también hay corrupción en los países desarrollados y créanme que gozo con la respuesta que doy : en esos países no hay impunidad tanto penal como social para los detractores, aquí si tenemos ambas, y ese hecho fortalece y realimenta la corrupción, particularmente la de cuello y corbata.
La corrupción no sólo lastra el desarrollo económico del país; también fomenta un menosprecio hacia las instituciones constitucionales, crea valores antidemocráticos, perjudica a los más necesitados y genera una profunda desconfianza entre los ciudadanos y el Estado, haciendo proclive la falta de gobernabilidad y la generación de conflictos sociales.
¿Qué ingredientes sociales incuban, producen y dispersan este flagelo en nuestra sociedad? ó como dirían los antropólogos cuál es el contexto social.
Según Ludwig Huber, la considera como una práctica social compleja con sus variaciones locales, donde tiene que ver el nepotismo, el abuso de poder y la malversación de fondos públicos con estructuras particulares y de reciprocidad y de poderes locales. En otras palabras la corrupción no existe per se, sino contextualizada en su aspecto sociocultural e histórico; es como un virus que requiere un medio donde desarrollarse y propagarse.
La corrupción socava la legitimidad de las instituciones públicas, es decir deslegitima a los organismos del Estado, la gente pierde credibilidad en ellos, también atenta contra la sociedad, el orden moral, la convivencia, la justicia, así como el desarrollo integral de los pueblos. Y lo que es más, podría darse que una persona cambie su jerarquía de valores y principios, dado el ambiente que lo rodea y acepte la corrupción como algo normalEn nuestro medio social el compadrazgo, el clientelismo, el nepotismo, la reciprocidad con intereses subterráneos, el interés personal que atropella, etc., forman parte de ese contexto aludido; al respecto hay un dicho que dice “ en cualquier actividad humana que desarrolles siempre es bueno conocer a alguien, en el Perú tienes que conocer a alguien”. La desconfianza y la falta de credibilidad es muy grande en las instituciones que justo deberían brindar un clima de convivencia y que no favorezca la corrupción; en la VI Encuesta Nacional sobre percepciones sobre la Corrupción, efectuado por Ipsos Apoyo, tienen mayor percepción de corrupción: el Congreso de la República con 46%, la Policía Nacional con 45% y el Poder Judicial con 36%.
En particular, en este último período gubernamental, nuestro país no se ha caracterizado por contrarrestar la corrupción, con hechos que han nacido dentro de las mismas instituciones del Estado, los cuales son de conocimiento general. En un artículo de Alfredo Palacios, sobre la corrupción, la organización Transparencia Internacional en Alemania, en octubre pasado, había consignado en su Índice Anual de Percepción de la corrupción del 2010, que el Perú había caído del puesto 75 al 78 entre 178 países evaluados, alcanzando solo 3.5 puntos sobre 10, resaltando el hecho que durante los últimos diez años, nuestro país sólo ha oscilado entre 3.3 y 3.7, en una escala del 1 al 10
En cuanto a los impactos globales de la corrupción en la economía del país, disponemos de los siguientes datos:
Pérdidas en compras e inversiones públicas : 10 – 15% (Contraloría General de la República, 2010)
Impacto en el PBI : 4 – 6% (Corrupt Circles, Alfonso W. Quiroz, 2008)
Ayuda extranjera oficial, sólo llega : 60 – 80%
¿En un próximo gobierno cambiaremos estas cifras?
