viernes, 3 de diciembre de 2010

Ingenieros y Cocineros

En el último CADE,  el ex Ministro Carranza no tuvo una frase muy feliz, al mencionar en un Foro tan importante que el país necesitaba de más ingenieros que cocineros.  Y digo no muy feliz, porque dichas palabras en un contexto que nuestro país está en vitrina a nivel internacional desde hace pocos años por su exquisita gastronomía, no fueron del agrado, con justa razón, de los peruanos que se están esforzando en dicho rubro en estos momentos.
Sin embargo, también creo justo reconocer que es verdad que requerimos ingenieros, gente con ingenio que transforme los recursos naturales que exportamos y que le den un mayor valor agregado, para que de esa manera aminoren la gran brecha que existe en los términos de intercambio de nuestras materias primas  con los productos de mayor contenido tecnológico, según Oswaldo de Rivero la demanda mundial de éstos últimos crece alrededor del 15%, mientras que los que exportamos crece en un 3%, es obvio a través de estos números que los países más ricos serán más ricos y los más pobre serán más pobres.
A fines de los 50s del siglo pasado la Ingeniería era una de las carreras con mayor futuro, nuestro país dentro de la visión cepalina  de Raúl Prebisch  se hallaba inmerso en la sustitución de importaciones, con un agregado nacional que iría aumentando paulatinamente mediante un programa establecido. Lamentablemente como otros aspectos de nuestra vida republicana tomamos el bus un poco tarde, a diferencia de otros países latinoamericanos que ya habían comenzado su industrialización en la década del 40. Este programa colapsó por la demanda de divisas, porque el agregado nacional no era tan nacional, dado que sus insumos se importaban y porque llego un momento que salía más barato importar que ensamblar,  y ello debido a la mayor competitividad de los países más desarrollados en detrimento de los menos.
Pese a la terquedad de algunos reconocidos tecnólogos, la ingeniería comenzó a declinar y a perder su interés, orientándose las nuevas universidades y los estudiantes a lo que se ha denominado las carreras de pizarra y tiza, donde no se requiere laboratorios ni grandes inversiones para la formación académica del futuro investigador.
En la actualidad,  vemos que países tradicionalmente atrasados frente a los mas desarrollados como China,  India, Corea, que tenía un per capitat similar al nuestro en los 50s, Finlandia e Irlanda, por mencionar algunos, se han potenciado tecnológicamente, por la decisión de sus gobiernos de formar ingenieros en sus mismo países y diferentes universidades del mundo, alcanzando excelencia académica y cosechando los frutos de un mejor bienestar y mayor desarrollo humano.
Es notoria la preocupación del ex Ministro Carranza, dado que con el modelo exportador primario que tenemos, no es sostenible en el largo plazo, y ahora que estamos en un buen momento económico, debería promoverse la ingeniería, la investigación y el desarrollo, donde tenemos uno de los índices más bajo de Sud América, 0.15% del PBI, con una mirada hacia la sustentabilidad de nuestros recursos naturales con un mayor valor agregado. Todos los países que han alcanzado el desarrollo lo han realizado mediante la industrialización, que aquí se quedó trunca, orientándose el recurso humano hacia los servicios, que indudablemente también contribuyen a generar riqueza dentro del país, pero no con la fuerza de tener patentes de inventos de nuevos productos o adecuar nichos donde tengamos relativas ventajas comparativas, que puedan cambiar sustancialmente la calidad de vida de nuestros habitantes.

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