Cuesta procesar un hecho trágico como el que ha ocurrido en
estos días con el suicidio de Alan García. Quedé perplejo y consternado por lo
que dejé de escribir en las redes sociales y solo como observador he leído comentarios
y trascendidos que me han dejado más mudo que Castañeda.
Toda muerte merece respeto y consideración a sus familiares,
sin embargo, la verborrea e incontinencia verbal y escrita me ha parecido
surrealista, donde han aflorado los sentimientos mas oscuros, oportunistas y
nefastos que tienen mis conciudadanos.
Nos hubiera gustado ver a García entre rejas, anhelo de una
gran parte de la sociedad y mas aun los que fuimos testigos de su primer
gobierno, por el cual quedó impune, el resto es conocido y no voy a abundar en
estos momentos. Todo hombre tiene sus
luces y sombras, aunque éstas últimas predominaron mas un deceso es infortunado
peor aún en las circunstancias que lo realizó.
Me resulta impresionante el uso político que se le ha dado
durante sus funerales y que todavía se sigue explotando esa acción, pareciera
como si fuera una obra montada, la carta que deja, el protagonismo que adquiere
su menor hijo, los supuestos responsables de su muerte, las acusaciones contra
el sistema judicial, la discusión sobre la naturaleza del hecho suicida, la
falsedad de su muerte, el revolver que lucía poco antes y otras cosas mas que
irán apareciendo para alimentar el morbo y también porque no decirlo poner
sombras sobre la reforma judicial que avanza a paso de tortuga en el Congreso,
lo mismo que la reforma política.
Sin reforma judicial la corrupción va a continuar, no nos
merecemos los jueces y fiscales que tenemos, salvo excepciones. Tenemos un país
donde la justicia no es igual para todos y donde hasta hace poco campeaba la
impunidad, si queremos tener un “nosotros” como predicaba el difunto Portocarrero,
por lo menos que sea la justicia quien nos haga sentir iguales como ciudadanos,
con una nueva Justicia quizá veamos un nuevo amanecer para nuestro país, por lo
menos hay esperanza.
Me siento mal de ver a mi país tan dividido y polarizado,
los buenos y los malos, cuando hay muchos grises dentro de la política, y este
es el marco que nos espera para celebrar el Bicentenario de la Independencia de
nuestro país, que país vamos a dejar a nuestros nietos.
Espero y esperemos que estos días tan grises de nuestra vida
política pasen , que bajen las aguas y volvamos a seguir construyendo el país,
la república y la nación

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