El hombre desde la antigüedad tiene el deseo de reconocimiento y es uno de
los motores que lo impulsa y le da vida. Platón señala que hay tres partes
importantes en el ser humano: una parte que desea, que es lo que lo impulsa a
conseguir cosas que requiere el hombre para su existencia, otra parte que
razona, que nos indica la mejor forma de lograr aquello que deseamos y una
tercera parte, creo que conocida, pero poco difundida, el reconocimiento,
basada en la autoestima y el respeto hacia uno mismo, llamado también el
sentimiento timótico (thymos).
Es un rasgo humano que siempre ha existido en la humanidad, por el
cual se han librado innumerables guerras, aduciéndose honra, prestigio, a
través de la conquista de nuevos territorios y defensa de otros, así como
revoluciones para conseguir derechos y autonomía de hombres libres, como la
revoluciones inglesas, americanas y
francesas, entre otras.
Estas ideas han sido actualizadas a finales del siglo XX por
Francis Fukuyama en El fin de la Historia
y el último hombre, donde establece que los seres humanos buscan reconocimiento de su propia valía; todos creemos que tenemos
cierta valía. El no ser tratados de acuerdo al valor estimable produce
reacciones adversas como la ira y el enojo; en buena cuenta el no ser tomado en
cuenta produce los mismos efectos. En teoría, pecando de no ser ingenuo, un
gobierno que reconoce y toma en cuenta a sus ciudadanos ( es decir les atribuye
un valor) para efectuar acciones políticas (políticas públicas), que los van a
afectar ya sea en forma favorable o desfavorable, debería tener una mejor
gobernabilidad; esto es una mejor sintonía con sus gobernados, y no tener
conflictos sociales que degeneren en violencia.
Esta no es la situación que vive nuestro país; de acuerdo al
Informe de Defensoría del Pueblo, al mes de Abril existen 171 conflictos
activos y 73 en estado latente; de los activos el 72% corresponde a conflictos
de carácter socio ambiental. Este es un fenómeno social recurrente que se viene
realizando en los últimos años, tanto por la falta de comunicación por parte
del Estado (no tomar en cuenta a los afectados) y la desconfianza permanente
por parte de los pobladores. Existe un temor, con cierto fundamento, de la población
a una posible contaminación de su hábitat que podrían ocasionar las actividades
extractivas, prueba fehaciente de ello es la Oroya y Cerro de Pasco
Durante muchos años los pueblos por lo general más olvidados
y aislados del Perú no han sido tomados en cuenta, hoy existe la Ley de
Consulta Previa que otorga a los pueblos indígenas u originarios del país el
derecho a pronunciarse sobre eventuales proyectos de carácter extractivo en sus
territorios, a fin que no vuelvan hechos censurables como los ocurridos hace pocos años en Bagua. Otro mecanismo importante de “tomar en
cuenta a la gente” es la participación ciudadana, sobre la cual se ha dado una
frondosa legislación, pero que al igual que otras leyes no solucionan los
problemas ni efectivizan la participación de la ciudadanía en la toma de
decisiones.
El Estado, con justa reacción trata de imponer el orden
público, cuando éste es alterado, pero por lo general su accionar está más
orientado a resolver los problemas que se generan por la violencia de los conflictos y no a
buscar las causas que los generan, razón por la cual se reproducen los mismos.
Esperemos que parte de la solución de los conflictos sea el dialogo y el tomar
en cuenta a la gente afectada (al margen de infiltrados que llevan agua para
sus propios molinos), y por lo menos escuchar su opinión, darles a entender que
son escuchados y no colocar a todos en un mismo saco de manera maniqueísta con
un “anti” o un “pro”; el ciudadano es lo
suficientemente inteligente para saber que hay más de dos colores en su espectro.
Muy interesante enfoque, nos dijo Abraham Maslow cuando describió su pirámide de la jerarquía de las necesidades, que de los cinco niveles, la última en ser satisfecha sería la del reconocimiento, sin embargo nos aclara que al no ser satisfecha una de las necesidades de mayor jerarquía, las demás no serán siquiera consideradas.
ResponderEliminarBajo esa óptica, sería posible que nuestro pueblo con hambre de pan y de justicia, esté luchando por hacer prevalecer sus deseos polícos sobre el territorio y el agua, antes que atender a sus necesidades primarias?... la respuesta es NO!
Se inferencia entonces que lo que sucede en la raiz de los conflictos sociales pasa necesariamente por una manipulación sociológica de masas con argumentos neosocialistas (mariateguistas, si se permite el término) y terminan en "Conga no va, porque no va... y que venga el presidente a reunirse conmigo para decírselo!", un caso irónico de la soberbia con que un mal llamado "Presidente Regional" (debiera ser Gobernador Regional, Delegaturía Regional, u otro similar) hace burla del estado de derecho para sembrar la semilla de sus ambiciones políticas, bajo la más mezquina de las patrañas... que la minería necesariamente empobrece a un pueblo y que contamina el agua.
Esperemos que estos requerimientos de reconocimiento no terminen por detonar por simpatía otros conflictos potencialmente enervados.
Saludos
LZH