De todo este último proceso judicial y político de
delaciones y declaraciones de los implicados en Lava Jato va quedando claro que
aquellos políticos que enarbolaron su antagonismo contra la dictadura y
corrupción van apareciendo como depredadores del erario nacional. Es preciso
anotar que no solo son los líderes o gobernantes de turno sino también parte de
su entorno que aprovechó la caótica situación.
Creo que el caso más notorio es el de Alejandro Toledo,
el hombre que encabezó la marcha de los cuatro suyos, hito histórico frente a
un gobierno que había cooptado los poderes del Estado y parte de la sociedad,
que se presentaba como omnímodo, autoritario y corrupto, que pretendía elegirse
por tercera vez consecutiva, y lo hizo. Lo que posteriormente trajo como
consecuencia el reconocimiento de su elección por su tercer período, antes de
ser proclamado por el JNE, hecho que considero a la fecha lo más políticamente
nauseabundo.
Toledo que encabezaba la repulsa de gran parte de la
sociedad frente al continuismo de un régimen sin valores encausaba una esperanza
de cambio, que pese a tener visos de cierta inconducta al negar a su hija y ser
“auto secuestrado”, fue elegido presidente luego del régimen transitorio de
Paniagua, quién en el corto tiempo que estuvo le dejo la “mesa servida” iniciándose
una primavera democrática.
Poco duro esa
esperanza pues su actuación dejo mucho que desear y ahora sabemos que
obtuvo dinero ilícito por 30 millones de soles.
Susana Villarán también se presentaba como una mejor
alternativa para ser elegida como alcaldesa, lo cual lo logró. Su plataforma de
gobierno era la participación ciudadana, inclusión social, reforma del
trasporte, desarrollo cultural, entre otros. Desde un comienzo fue atacada
permanentemente por provenir de las canteras de izquierda, su labor no estaba
dentro del enfoque del cemento y obras, todo ello llevo a una propuesta de
revocatoria, lo demás es historia conocida. Hoy ha reconocido la recepción del dinero.
Si sumamos a ello los casos de Ollanta y Kuczynski, cuyos
gobiernos sintieron la adversidad del apro fujimorismo, también se hallaron
comprendidos en aspectos dolosos pecuniarios.
Todo ello permite inferir y generalizar a los herederos
del gobierno de los 90s que los que los combatieron resultaron ser peores que
ellos.
Lo cual no es del todo cierto García gobernó dos períodos
llenos de cuestionamientos y juicios de los cuales salía bien librado y
Fujimorí durante su largo gobierno sistematizó la corrupción y cooptó los
poderes y gran parte de la sociedad por lo que campeaba la impunidad.
Lo que deja un sabor amargo en la sociedad que se ha
sentido defraudada y traicionada por supuestos gobernantes que iban a combatir
la corrupción, y en el otro lado de la moneda los antagonistas se sienten
satisfechos que ellos no han sido los únicos corruptos, luego sienten que su
culpabilidad es “menor”.

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