Tomado del Diario La República
Uno de los últimos sucesos más dramáticos acaecidos en nuestra ciudad es el asesinato de un hincha de un equipo capitalino, realizado por una horda de vándalos, que no tuvieron ningún reparo en atacarlo y quitarle la vida. Este hecho marca un hito más a la ausencia de la seguridad en la ciudadana, que no se siente protegida. El Estado cuenta con los medios para hacerlo, y así dispone el artículo 44º de la Constitución, considera que dentro los deberes primordiales del Estado es el de proteger a la población de las amenazas contra su seguridad. Por otro lado en el primer objetivo del Acuerdo Nacional, en el numeral 1.4, se establece: Preservar el orden público y la seguridad ciudadana, garantizando que la expresión de nuestras diferencias no afecte la tranquilidad, justicia, integridad, libertad de las personas y el respeto a la propiedad pública y privada. Frente a estas declaraciones el Estado no está cumpliendo con proteger la vida humana, al cundir la violencia en diferentes partes de la ciudad.
Tal como manifesté en un post anterior del 01 de Junio, tenemos una sociedad donde se privilegia la violencia frente al cultivo del dialogo y debate; por muchos años la violencia en nuestra vida republicana ha sido gravitante, no solamente en la capital también en el interior, y esto es algo propio de nuestra sociedad, es tema cultural y como dirían los sociólogos son de carácter estructural, por las señales que recibimos a diario por los diferentes medios de comunicación
Muchas medidas se pronuncian al respecto para amenguar esta vorágine, pero en concreto los resultados son débiles e inocuos, algo reiterativo que se dice siempre es que no se cumplen las leyes ni las ordenanzas, hay mucha precariedad en su cumplimiento, somos un país que tradicionalmente tratamos de sacarle la vuelta a la normatividad, herencia colonial como muchas otras
Este tema de la violencia, está íntimamente ligado con la falta de tolerancia, reconocer al que no opina necesariamente igual que uno, desprendernos del hecho que somos los únicos que tenemos la razón y la verdad. Uno de los grandes inicios de esta práctica fue la tolerancia religiosa en el mundo y luego se ha extendido a otros campos de la persona humana, la discriminación, las ideas políticas, y en el caso del presente comentario, las simpatías deportivas.
Como específica el reconocido filosofo peruano Miguel Giusti : “La tolerancia reposa, pues, sobre la conciencia de la falibilidad de la razón humana y sobre el derecho que debería reconocérsele a todo individuo, a toda conciencia, a equivocarse.”
Un aspecto que quizá no es novedoso, por lo menos para mí, es que antes asociábamos a las barras bravas y demás desadaptados de la sociedad con los niveles sociales más bajos, jóvenes sin trabajo que forman pandillas para encontrar algún tipo de reconocimiento que no encuentran en la sociedad , pues estos últimos asesinos de otro hincha, son gente “de bien” (sic) como se expresó un comentarista televisivo , ese calificativo supongo que lo dio por el hecho de ser personas de clase media de familias acomodadas y que gerencian negocios. Considero a este tipo de personas peor que las primeras, porque al hecho criminal se suma el dinero y poder que pudiera influenciar en la justicia que los debe condenar.
Como ciudadanos sólo nos queda esperar que las autoridades tomen cartas en el asunto, para que no se repitan estos hechos, leo y escucho algunas soluciones, lo importante es que se cumplan. Y esperemos que también actúen en forma rápida la condena de los culpables y que no quede en un caso más anecdótico, sin que purguen condena, o si lo hacen, salen al poco tiempo.

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