Señores y siervos
Hemos asistido durante esta semana a un capítulo que pensamos que ya había sido superado en nuestra Historia, la prepotencia y ataque físico de una autoridad sobre un ciudadano, el cual en un hecho por demás reprobable llamo corrupto al primer mandatario, quien como respuesta enmendó una sonora cachetada al ofensor, siendo éste, posteriormente maltratado físicamente por los hombres de seguridad que lo acompañaban de su comitiva, tal como lo hemos visto a través de los diferentes medios de comunicación
Suceso que me hace recordar a Juan sin Tierra en la antigua Inglaterra y sus poderes frente a los anglosajones en los bosques de Sherwood, donde los siervos le rendían los honores y pleitesía respectiva, sino eran castigados por sus esbirros, con azotes o golpes y en el peor de los casos con la horca, por la sola arbitrariedad del gobernante, todo ello hasta que se dio la Carta Magna, documento primario de una limitación de poderes absolutos del monarca, Carta que es el antecedente de los regímenes políticos modernos, la monarquía se comprometía a respetar las libertades religiosas y políticas.
Estamos hablando del siglo XIII, donde se dieron los primeros pasos para obtener ciertas libertades, los ingleses pasaron muchas penalidades, hasta adquirir sus derechos civiles y políticos y sobre todo reconocimiento. El reconocimiento como lo sostienen Platón y Hegel , es el que ha motivado el proceso histórico, proceso que se dio durante muchos siglos en que los siervos dejaron de serlo, ya sea bajo la forma de esclavitud o sometidos a una tiranía, como fue la Revolución Estados Unidos y la Revolución francesa
Proceso histórico que ha alcanzado a la predominante democracia liberal en el mundo y que en nuestro país se viene dando en forma lenta, por las formas coloniales que aún perduran, el vasallaje, el señorío, la majestad, la solemnidad, el patrimonialismo, el clientelismo, son muchas de las formas como se manifiesta la política y que no permite entrar en un proceso político moderno, que incluya a los marginados y postergados, lo que da pié a que tengamos una democracia de carácter formal, democracia que en muchos casos se limita a un proceso electivo, como el que acabamos de efectuar.
Elegimos a las autoridades y después le damos un cheque en blanco, a decir de Guillermo O’Donnell, una democracia delegativa. Donde los que eligieron no hacen seguimiento de las ofertas que los gobernantes realizaron durante su campaña.
Pero quizá lo más sorprendente, porque el mandatorio ya no nos asombra, fue la justificación del Presidente del Poder Judicial, quien no solamente respaldó la respuesta violenta del mandatario ante un insulto sino que incitó a responder de la manera que lo había hecho, es decir tomar justicia con su propia mano, que aleccionador para los jueces que dependen de ese poder, que tal mensaje para los funcionarios judiciales.
Este es nuestro país, como decía un recordado profesor universitario “El Perú es un país pre moderno, en vías de ser moderno, cuando los países desarrollados son postmodernos”; y ya cumplimos la primera década del Siglo XXI.
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